El término se las trae. Almenos en el caso del Nàstic, donde ‘cambios’ adquiere una polisemia inusual. Empezando por los malos cambios de Ferrando, los cambios que se avecinan en el consejo y el cambio de rumbo que puede adquirir el club este verano. Por partes.
El sábado, contra el Córdoba, se dio un desenlace demasiado repetitivo en los guiones que escribe el equipo. Insisto de nuevo en que el problema no reside en la falta de puntería, sino en la fragilidad del sistema defensivo, especialmente en la transición. Cuando marcas dos goles o más sólo vale la victoria. Da igual donde juegues. El Nàstic falla cuando pierde el balón. No hay ninguna instrucción asignada para ahogar al rival cuando éste se hace con la posesión. El equipo recula automáticamente y el rival avanza líneas con perpleja facilidad, supera a un doble pivote descordinado y se planta en tres cuartos de campo.
A esto se le añade la mala gestión de Ferrando en los cambios. Diop no estaba para los 90 minutos y el único hombre que tiene un perfil parecido, Medina, ni siquiera pisó el césped. El cansancio enturbió las ideas del equipo, presionado por el público a buscar el tercer gol pero sabedor de que con mantener el balón alejado del Córdoba era suficiente para finiquitar el partido.
Pese a que el objetivo soñado del ascenso se pospondrá de nuevo, Salvadó tiene en mente seguir contando con Ferrando. Pero el presidente tiene ahora una patata caliente entre las manos. Demasiados frentes que según como se desenvuelva uno afectará a otro.
Renovar a Ferrando sería una apuesta continuista pero segura. Contando que se apuntillará el equipo con uno o dos centrales de garantías y reforzar las otras posiciones en función de las ventas, el Nàstic ya es un equipo consolidado en Segunda. La continuidad también aportaría seguridad. Los pequeños cambios, siempre y cuando sean los adecuados, pueden significar un paso adelante.
